lunes, 7 de diciembre de 2015

Pensar para no caer en la RED

¿Qué pasa actualmente en nuestra sociedad? A día de hoy, sin atreverme a totalizar, diré que la mayoría de las personas hemos sido invadidas por los miles de tipos de tecnología que existen. Ya sea de una manera u otra, estamos interconectados. En muchos casos esto es muy productivo: facilita el contacto sin requerir presencia física, es una vía rápida de transmisión de información, no ahorra tiempo, facilita la creación y el mantenimiento de círculos sociales, etc. Pero, cuidado con esto último. Internet, y más concretamente el amplio número de aplicaciones para conocer gente, es un arma de doble filo. Como bien digo, nos proporciona la comodidad de no tener que salir a la calle a "buscar", sino que en cualquier momento y desde el sofá de nuestra casa podemos hacerlo.
Haciendo un pequeño análisis de este tipo de sitios, lo primero que hago es preguntarme: "¿Qué tipo de personas hay en este tipo de aplicaciones?". A lo que me respondo: "De todo". Como en cualquier sitio, supongo.
Estamos delante de una pantalla y nos disponemos a hablar con alguien que también está delante de la suya. Empezamos con una batería de preguntas sobre la información que nos pueda resultar relevante en función de los motivos que nos hayan llevado a crearnos un perfil de usuario. Normalmente, la persona que está al otro lado, contesta a nuestras preguntas (otras veces no) y nosotros a las suyas. Y aquí empieza lo bueno.
No hemos puesto cara (en muchos casos) ni voz a la otra persona. Ella a nosotros tampoco. Aumenta el flujo de información y según ésta se va recibiendo, aumentan las expectativas sobre la otra persona (seamos honestos: todo el mundo, a la hora de darnos a conocer, mostramos nuestra mejor cara, sin dar cabida, en la medida de lo posible, a lo que no sean nuestras virtudes), o se hace una criba.
En la mayoría de los casos ocurre la primera de las dos opciones (al menos en los casos de los que soy conocedora, ha sido así). Las respuestas son acordes a lo que esperamos y nos vamos formando una imagen (en muchos casos muy lejos de la propia realidad) de quien es a quien estamos conociendo.
Ponemos cara a través de alguna imagen (obvio que en las redes sociales mostramos nuestras mejores fotos) y nos gusta. Información que va convenciendo y una cara bonita. Se da el paso de un contacto cara a cara en persona. ¿Resultado? La mitad del peligroso camino, hecho. Habrán podido pasar tan solo horas o días, pero ya con esto, hay personas que se atreven a abrir la boca para decir un: "Me encanta fulanito" ó "tengo tantas cosas en común con fulanita, que veo futuro". Mirad, ni somos Aramis Fuster ni vemos el futuro en una bola de cristal. Aquí viene, en la mayoría de casos, lo peor de todo: la idealización.
Podemos llegar a "ver" en la otra persona todo un mundo. Todo lo que queremos, lo que nos gusta, vistas al futuro que concuerdan, las mejores cualidades que se pueden tener, el pensamiento que mejor encaja con el nuestro... Todo eso lo tiene esta persona (o eso creemos a priori).
Pero, ¿qué pasa si toda (o parte. Me da igual) la información que hemos recibido, no fuera cierta? ¿Donde queda nuestro propio criterio? Nos han "vendido la moto" decorando lo que se decía y nosotros solo nos hemos limitado a almacenar esa información en la cabeza y en base a ello, ha seguido formándose la imagen pertinente.
Por otro lado lado e insistiendo, en la mayoría de los casos (hay excepciones, por supuesto, pero son una minoría), viene el batacazo: el conocer más tarde que pronto. Conocer (de verdad) cuando ya tenemos una imagen formada de la otra persona. En este caso el orden de los factores sí altera el producto.
Estamos inmersos en una espiral de la que es difícil salir. Estamos en el "ahora es de tal manera pero antes no era así" ó el "no lo/la reconozco". Y la cuestión es: "¿Realmente te tomaste el tiempo necesario para conocer como tal, o te dejaste llevar por el impulso de creer haber encontrado algo que simplemente querías y que camuflada cualquier realidad posible?"
Dejemos que todo siga su curso. "Las prisas no son buenas". "Lo que tenga que ser, será". "Todo llega". Y todas esas frases hechas a las que no les falta razón y que nos vienen a decir que no hay que forzar nada en esta vida porque todo pasa por sí solo y no hay nada que podamos controlar salvo lo que pensamos y decimos. Nada es controlable más que nosotros mismos.

3 comentarios:

  1. Muy buena la reflexión Bea, me parece super interesante. Yo creo q esto es algo q se produce en cualquier relación, no sólo en las q comienzan a través de la Red. ..

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  2. Si, si, eso es cierto. Pero quise acotar precisamente porque en este tipo de apps es donde más marcado y mejor se ve.

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  3. Si, si, eso es cierto. Pero quise acotar precisamente porque en este tipo de apps es donde más marcado y mejor se ve.

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