Hoy quiero hablar de una persona, varias, conocidos y desconocidos, y hasta de mi misma en algunos aspectos.
¿Qué hay de esa artrosis del dedo pulgar por la excesiva actividad a la que lo sometemos diariamente? En efecto, hablo del uso del teléfono móvil en la actualidad. Nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar el móvil. Igual que hace una madre con su hijo recién nacido, que lo observa por los cuatro costados comprobando que está bien y todo en orden, nosotros lo hacemos con el móvil.
Desayunamos: con el móvil en la mano. Comemos: con el móvil en la mano. Estudiamos: con el móvil en la mano. Trabajamos: con el móvil en la mano. Y hasta conducimos o vamos al baño y estamos: con el móvil en la mano.
Whatsapp, Facebook, e-mail, juegos, fotos… somos una sociedad (o nos estamos convirtiendo en ello) dependientes del móvil. Hablo en términos generales y quizás exageradamente en algunos puntos para dar énfasis a lo que quiero decir.
Te dicen que te quitan por un día: la comida, las horas de sueño, el salir a la calle, hablar con la gente, el sofá de tu casa o la silla de tu trabajo. No pasa absolutamente nada, ¿verdad? Es solo un día. Mañana lo volverás a tener. Pero ay amigo, te dicen “vas a estar 1 día entero sin tu móvil”. Rayos y truenos. Relámpagos y centellas. Se abre delante de ti un vacío negro y quieres autodestruírte. Que te quiten un brazo o una pierna, pero por favor, el móvil no, que no puedo vivir sin él un solo segundo. Esa es tu súplica, angustiado, de rodillas y casi vendiendo tu alma al mismísimo diablo con tal de que no se cumpla la amenaza.
Claro que no todos llegamos a estos extremos y claro que podemos vivir sin móvil (un día, dos, tres…). Pero se me vienen a la mente personas que realmente no sé yo si serían capaces de aguantar la situación sin desembocar, como mínimo, en un ataque de ansiedad.
Vivimos tan por y para nuestro teléfono móvil que ya pocas funciones les faltan a estos dispositivos inteligentes para que podamos hacer toda la vida en base a ellos. En cuanto les pongan la función de “abrazo real”, “teletransporte”, “llenar tu cuenta de millones”, “llevarte el desayuno a la cama” o “ser un amante ejemplar”, poco más faltará para hacer efectivo el casamiento.
El otro día pasaba por un parque y vi a dos jóvenes (chico y chica) sentados en un banco. Estaban acaramelados y abrazándose, por lo que deduzco que eran pareja o algo parecido. No obstante, en vez de disfrutar y sentir cien por cien el momento que vivían (a mi, por lo ñoña que soy, me parecía muy bonito), estaban cada uno trasteando con su teléfono. ¿Quien dice que cuerpo y mente son inseparables? Estos dos chicos demostraron que no, que se puede estar unido físicamente a alguien pero no hacerle ni caso porque tu cabeza está mirando cuántos “me gusta” tiene la foto que subiste de la fiesta de ayer”.
Sinceramente me dio mucha lástima ver eso y ver cosas parecidas día a día. No disfrutar de las personas que nos rodean por estar más pendiente del móvil que de lo que pasa a tu alrededor en ese momento. Ya puede caer una bomba a tu lado que, mientras el móvil esté bien, todo está bien. Pero ojo, que no le pase nada al nuevo apéndice integrado de tu cuerpo porque puede arder Troya.
Me da pena la sociedad en la que nos estamos convirtiendo. Apenas dejamos que prevalezcan los valores que de por sí hay. Cada vez pasan más desapercibidos y los acabamos matando con nuestra indiferencia.
Me atrevo a recetar como alternativa, una buena dosis de cervezas con amigos (sin la presencia del móvil), una buena película en el cine (móvil calladito en el bolsillo), tener una conversación con algún amigo… verás como si prestas atención puedes llenarte de sensaciones positivas y te darás cuenta de que la gente tiene vida y tu más de la que a veces crees por vivirla mirando a través de la pantalla de Tu Móvil. Verás que después, la vida sigue como estaba. Nada ha cambiado salvo que te has dado cuenta de que efectivamente... MILAGRO: se puede vivir sin estar las 24 horas enganchado al móvil y has reactivado la capacidad de escucha al que te habla, has descubierto que además de ti, en el metro también viajan más personas, que ya es otoño porque se ven hojas en el suelo, que tu amiga está muy guapa con ese corte de pelo y que la gente habla entre ella y sé escuchan.
¿Te parece increíble? Pues más increíble será cuando intentes hacerlo y veas los resultados. Comprobado: hay vida en el “más allá” (del móvil).
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